+54(11)5031-0058 - Junín 1063 - CABA - Argentina 

"Psicología de las masas y malestar en la cultura aborígen" en la comunidad Tekoa Arandu.

Autor: Dra. Jaquelina Cataldi - 2010

Introducción

MBYA Guaraníes

“Resistir hasta que no quedemos ninguno sobre esta tierra”, afirma su Cacique.

Realizado en conjunto con documentalistas blancos “Tekoa Arandu” o Comunidad de la Sabiduría, es el nombre de la aldea y coincidentemente de este film documental. De tradición oral, para ellos la película es algo así como "su primer libro", un registro cultural para las futuras generaciones y a la vez, un canal para dar a conocer al pueblo blanco que es ser hoy Mbya Guaraní.

Las principales causas de todos sus males, un pasado de exterminios, un presente desconocido para la mayoría de la sociedad, sumado al achicamiento de la selva por los intereses económicos en sus tierras (que también podemos leer como exterminio) todos hechos realizados por el hombre blanco que desprecia esta cultura erigiéndose como poseedores de una cultura dominante y bajo la idea del pueblo elegido, hecho que descansa en la subordinación que encuentra estrecha conexión con el orden económico.

Por el sendero del indio, ahora pasa el camino del blanco... lamenta el Opygua, su líder religioso. Ricos en música, arte, creencias y valores, habitantes de una de las regiones más ricas del planeta, para ellos la pobreza no es una maldición divina ni un destino inevitable.

Esta es la sinopsis del largometraje hablado en su idioma original aquel que da cuenta de la riqueza cultural y los padecimientos que atraviesan la vida cotidiana de esta comunidad.

Mi intención es tratar de articular con textos de Freud como “Psicología de las masas” y “Malestar en la cultural”, y otros autores aquellas conductas que fueron observadas 90 años atrás por uno de los investigadores mas importantes de la historia y que han dejado por fuera la problemática del aborigen.  Esta comunidad esta estrechamente ligada entre si por fuertes lazos libidinosos como bien lo explica Freud en su texto y por una completa identificación con el Cacique quien en palabras del mismo Freud se instala en las masas  como la figura del padre amoroso poseedor de la ley. 

De todas maneras, no creo que los artículos de Freud ayuden a comprender el sistemático exterminio de estas comunidades aborígenes ya que de ninguna manera mencionan mas que la relación del individuo respecto de su asociación con las masas y su aparente cambio de comportamiento yoico.

Quizás el malestar de la cultura aquí radique en la doble frustración de  verse privados no solo de sus instintos amorosos y de agresión mas propios sino también de su pertenencia a una cultura occidental dominante que pretende asimilarlos y al encontrar resistencia los aniquila.

Desarrollo

Historia de la comunidad TekoaArandu, 2006.

En enero del año 2005 un grupo de documentalistas solicitaron autorización a la comunidad guaraní “TekoaArandu’’ o Comunidad de la Sabiduría, a través de su líder el cacique Nicanor, la inquietud de comunicar la historia viva de su pueblo que luego será transmitido como primer libro de tradición oral llamado “TeKoaArandu”, nombre de la aldea donde habitan. La intención era informar al pueblo blanco como viven, que piensan y que significa Mbya Guaraní.

TekoaArandu es una comunidad aborigen ubicada en Pozo Azul, selva misionera, provincia de Argentina que cuenta con 4.083 personas, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), o poco más de 3.000, habitantes según registros privados. Pertenecen a la comunidad guaraní Mbya donde la naturaleza, su música y su danza se conjugan en una unidad armónica. Por eso el Mburubicha (Cacique) pide permiso al arroyo para usar sus aguas y pisar sus piedras. Ellos dicen: “Ñanderu (el creador) nos creo en esta tierra para que disfrutemos. Antes de que llegue el pueblo blanco éramos ricos en naturaleza. Por 500 años nos han violado y maltratado. Ahora quedamos pobres, pero todavía existimos” , reflexiona el Opygua (líder espiritual) de la comunidad TekoaArandu mirando lo que queda de la selva misionera. 

Este largometraje muestra un pasado de exterminios y un presente en continua devastación, desconocido para la mayoría, donde sufren la reducción de su selva bajo el mando de los intereses económicos de los terratenientes. Estas son para ellos las principales causas de todos los males que padecen. Ellos dicen: “El futuro depende de todos nosotros…” mientras persisten en su lucha para preservar su naturaleza, la sabiduría que de ella obtienen y sus valores, transmitidos oralmente de generación a generación, continúan resistiendo a pesar de todo.

La comunidad cuenta con música, arte, creencias y valores que hoy se han perdido en las grandes urbes. Estos habitantes pertenecientes a una de las regiones más fértiles del planeta piensan que la pobreza no es una maldición divina ni un destino inevitable. Por eso siguen su lucha sosteniendo la resistencia. “…Resistir hasta que no quedemos ninguno sobre esta tierra...”, afirma el Cacique.

Ellos creen que ya es tiempo de que los JURUA (blancos) conozcan sus rezos y así transmitir que, también para ellos, hay un solo Dios. Sobre las imágenes de un aserradero, el Opygua cuenta –mientras corta un tronco centenario–, “que Ñanderu creó a Tupa para que se encargue de enseñarle al blanco... pero algunos no quisieron aprender...”

Sufrieron acusaciones de los políticos que transformaron a sus víctimas en acusados de corrupción, otra modalidad de maltrato y desestimación. Una noticia respecto a la supuesta complicidad del cacique de Pozo Azul para permitir el apeo ilegal de la única reserva perteneciente a la Nación Mbya Guaraní hace crecer la bronca y el dolor de la población que junto a su sabiduría, paciencia y resistencia “hace ya más de tres años que el cacique Nicanor Benítez viene denunciando la tala y el robo de madera en su territorio, tanto en los juzgados de El dorado y San Vicente, como en el Ministerio de Ecología, en la Gendarmería y en la Policía y nunca hubo respuesta a estas denuncias, por lo que resulta absurdo que los denunciantes hoy resulten denunciados y sin derecho a defenderse ni a sí mismos ni a sus bienes que pretenden ser robados. La comunidad es dueña de esa tierra y de lo que en ella hay por lo tanto nadie puede robar lo que es suyo…”.“Una vez más la violada debe demostrar su inocencia…”, señala el comunicado del Equipo Misiones de la Pastoral Aborigen.

Los acelerados cambios en su hábitat y la poca seguridad sobre su lugar los mantiene en un estrés que no están preparados para soportar, y eso lo provoca el mismo gobierno con su permanente intromisión en la vida social y política de las comunidades, respondiendo al modelo productivista imperante. Esta intrusión no es casual, provoca profundas rupturas en el campo de la psicología, del ritual, de lo social y de lo político colaborando a la destrucción de una cultura al diluir su identidad. El problema causa, indiscutiblemente, la falta de tierra y monte, elementos que aseguran el bienestar, equilibrio físico y espiritual de los Mbya, el resto son consecuencias. Los Gobiernos saben de esta necesidad pero hacen oídos sordos a sus reclamos. Clara evidencia de esto es la no implementación en la provincia de la ley 26160 “Ley de Emergencia de la Propiedad Comunitaria Indígena” que demarcaría con fuerza de ley y desde la Nación sus espacios territoriales. Este retraso daña seriamente sus derechos, ya se ha perdido un año de una ley que tiene un plazo de cumplimiento de cuatro. Desde el sector oficial, una vez más, SILENCIO.

Freud, “Psicología de las masas”, 1921

En 1921 Sigmund Freud escribía en la introducción de su artículo denominado “Psicología de las masas”: “La oposición entre psicología individual y psicología social o colectiva, que a primera vista puede parecernos muy profunda, pierde gran parte de su significación en cuanto la sometemos a un más detenido examen. La psicología individual se concreta, ciertamente, al hombre aislado e investiga los caminos por los que el mismo intenta alcanzar la satisfacción de sus instintos, pero sólo muy pocas veces y bajo determinadas condiciones excepcionales, le es dado prescindir de las relaciones del individuo con sus semejantes. En la vida anímica individual, aparece integrado siempre, efectivamente, «el otro», como modelo, objeto, auxiliar o adversario, y de este modo, la psicología individual es al mismo tiempo y desde un principio, psicología social, en un sentido amplio, pero plenamente justificado”. Allí confronta con Le Bonn y Mc Dougall. Se pregunta: “¿Qué es una masa, de dónde extrae su capacidad para cambiar al individuo, en qué consiste ese cambio?” .

A partir de las respuestas aportadas a estos interrogantes por Gustave Le Bon, (1895), y por uno de los fundadores de la psicología social norteamericana, William McDougall (1920), Freud toma nota de los aportes positivos de estos dos autores, pero tiene reservas respecto de las explicaciones que ellos dan de la modificación psicológica del individuo en la masa. Observa que este fenómeno se traduce por un acrecentamiento del afecto y una inhibición del pensamiento. Propone reemplazar la “palabra mágica”  por el concepto de libido, fuente energética de las pulsiones actuante en todo lo que tiene que ver con el amor. Formula entonces la hipótesis de que las relaciones amorosas son la esencia del alma de las masas, y enfatiza la función del conductor, parámetro que Le Bon y McDougall habían pasado por alto. Freud se ve así llevado a distinguir entre las masas sin conductor, que él llama masas espontáneas, cercanas al estado de naturaleza, y las masas con conductor, o masas artificiales, que son el producto de la cultura. La Iglesia y el ejército son dos ejemplos de esas masas organizadas con conductor, masas artificiales, puesto que están construidas a partir de coacciones que obstaculizan su disolución espontánea. Del examen de estos dos ejemplos surge la existencia de dos ejes estructurales: un eje vertical según el cual se organiza la relación de los miembros de la masa con el conductor, y un eje horizontal que representa la relación de los miembros de la masa entre ellos. Con este último modelo parece funcionar la comunidad “TekoaArandu’’.

En la masa; dan pulsiones de amor de meta inhibida. Ahora bien, en esta población la meta inhibida es ¿ no encarar a través de la violencia la lucha que llevan desde hace años para ser respetados y considerados seres tan iguales como los blancos...??

Freud, “Malestar en la cultura”, 1930

Por otro lado, en el artículo “Malestar en la cultura”, aparecido en 1930, Sigmund Freud plantea que la insatisfacción del hombre por la cultura se debe a que esta controla sus impulsos eróticos y agresivos especialmente estos últimos, ya que el hombre tiene una agresividad innata que puede desintegrar la sociedad; a esta cultura aborigen se le impone la del “blanco”.  La cultura controlará esta agresividad internalizándola bajo la forma de Superyo y dirigiéndola contra el yo, el que entonces puede tornarse masoquista o autodestructivo. 

La religión busca responder al sentido de la vida, y por otro lado el hombre busca el placer y la evitación del displacer, cosas irrealizables en su plenitud. Es así que el hombre rebaja sus pretensiones de felicidad, aunque busca otras posibilidades como el hedonismo, el estoicismo, etc. Otra técnica para evitar los sufrimientos es reorientar los fines instintivos de forma tal de poder eludir las frustraciones del mundo exterior. En este caso es nada menos que la expropiación de sus tierras, y aun así, ellos continúan su lucha en forma pacífica. Esto se llama sublimación  (“???”), es decir poder canalizar lo instintivo hacia satisfacciones artísticas o científicas que alejan al sujeto cada vez más del mundo exterior. En una palabra, son muchos los procedimientos para conquistar la felicidad o alejar el sufrimiento, pero ninguno totalmente efectivo. 

En este texto Freud plantea tres fuentes del sufrimiento humano: el poder de la naturaleza, la caducidad de nuestro cuerpo, y nuestra insuficiencia para regular nuestras relaciones sociales. Las dos primeras son inevitables, pero no entendemos la tercera: no entendemos porqué la sociedad no nos procura satisfacción o bienestar, lo cual genera una hostilidad hacia lo cultural. Una vez mas, remarco hacia qué cultura, la del hombre blanco, como “ellos” lo llaman, aquella que nos diferencian de los animales, y que sirve a dos fines: proteger al hombre de la naturaleza, y regular sus mutuas relaciones sociales. Para esto último el hombre debió pasar del poderío de una sola voluntad tirana al poder de todos, al poder de la comunidad, es decir que todos debieron sacrificar algo de sus instintos: la cultura los restringió.

Examina aquí Freud qué factores hacen al origen de la cultura, y cuáles determinaron su posterior derrotero. Desde el principio, el hombre primitivo comprendió que para sobrevivir debía organizarse con otros seres humanos. En ‘Totem y Tabú’ ya se había visto cómo de la familia primitiva se pasó a la alianza fraternal, donde las restricciones mutuas (tabú) permitieron la instauración del nuevo orden social, más poderoso que el individuo aislado. Esa restricción llevó a desviar el impulso sexual hacia otro fin (impulso coartado en su fin) generándose una especie de amor hacia toda la humanidad, pero que tampoco anuló totalmente la satisfacción sexual directa. Ambas variantes buscan unir a la comunidad con lazos más fuertes que los derivados de la necesidad de organizarse para sobrevivir. Pero pronto surge un conflicto entre el amor y la cultura: el amor se opone a los intereses de la cultura, y ésta lo amenaza con restricciones. La familia defiende el amor, y la comunidad más amplia la cultura. La mujer entra en conflicto con el hombre: éste, por exigencias culturales, se aleja cada vez más de sus funciones de esposo y padre. La cultura restringe la sexualidad anulando su manifestación, ya que la cultura necesita energía para su propio consumo. Freud concluye que la génesis de los sentimientos de culpabilidad están en las tendencias agresivas. Al impedir la satisfacción erótica, volvemos la agresión hacia esa persona que prohíbe, y esta agresión es canalizada hacia el superyo, de donde emanan los sentimientos de culpabilidad. También hay un superyo cultural que establece rígidos ideales. El destino de la especie humana depende de hasta qué punto la cultura podrá hacer frente a la agresividad humana, y aquí debería jugar un papel decisivo el Eros, la tendencia opuesta. 

Reflexión

Esta adscripción a la tierra tan alejada de la cultura dominante pone de manifiesto cierta unidad que permitiría a esta comunidad de sangre (en términos de Max Weber) seguir unida con un objetivo en común a pesar de la sistemática violación de su hábitat y de sus derechos.

El imperio de la fuerza luego del evidente fracaso del intento de dominación cultural ha logrado saquear a estos habitantes de sus medios de subsistencia y creo que es la fortaleza del vínculo primario con sus creencias y su  conciencia de pertenencia a este grupo étnico lo que los ha hecho sobrevivir a pesar de toda lógica aparente.

Es notable que el concepto que sostiene el Cacique y que aparece como fundacional en esta cultura sea aquel de que “esta tierra ha sido creada para que la disfrutemos” concepto que viola y pone en riesgo aquel de la cultura blanca, occidental y cristiana donde el pan se gana con el sudor de la frente y a la naturaleza hay que enfrentarla para poder dominarla.

En el disfrute aparece un placer erótico que estaría reprimido por la cultura. Normativizado y mediatizado, este disfrute nos es entregado totalmente alejado y sublimado. El encuentro con la tierra como fuente de disfrute y de vida es un concepto que ha sido modificado con el transcurso de los siglos y que aleja cada vez mas al hombre de su goce inmediato, de un estar en convivencia grupal armónica con el hábitat en el que se encuentra. Por otra parte la normatividad de un grupo permanente que es ajena y distante de la normatividad de la cultura dominante es molesta y provoca malestar (así como la visualización de la pobreza provoca malestar en el burgués).

Frente al poderío de los intereses económicos y la falta de posibilidad de incluir este grupo étnico en aquella sociedad que lo rodea (a pesar de los intentos de evangelización y de redención a través de la religión católica) la solución que se encuentra es el exterminio.

No creo que Freud incluya en sus categorizaciones explicación alguna a la desaparición de un grupo social en manos de otro. Mas bien se ocupa de diferenciar las actitudes de los individuos en función de una psicología de masas y la aparente oposición o similitud con una psicología individual. No puedo dejar de preguntarme si la psicología individual de orden occidental es herramienta útil para psicoanalizar a individuos que mantienen estrechos lazos amorosos con la tierra y con los animales. Si aquellas categorías que parecen universales no encuentran en estas manifestaciones culturales un límite  a sus propias explicaciones.

El disfrute quizás parece ser el tema mas distintivo. ¿Cómo saquear estas tierras aborígenes sin quebrar ese disfrute? El saqueo sistemático expresado de diferentes maneras pero particularmente del desmonte de la selva misionera con su consiguiente desaparición de la riquísima fauna y flora autóctonas (origen de la subsistencia, de la admiración, de la mística y del disfrute) no hace mas que atentar contra la supervivencia de estas culturas que basan su estructura y normativa grupal en la observación de los fenómenos naturales y en una convivencia armónica con la naturaleza. Cultura para el hombre blanco capitalista y centralista es eso, la desaparición de toda otra manifestación cultural que nos aleje de la normativa bajo la cual florece el sistema mercantilista y de acumulación de capital.

Nada mas alejado al disfrute del que esta comunidad habla que el consumismo exacerbado al que nos encontramos expuestos. Nuestro disfrute pasa hoy por la sustitución de afectos por objetos, sublimamos en concordancia con las leyes del mercado y todo lo que se aleje de esta concepción resulta fatalmente peligroso para la ideología dominante.

Esta comunidad pareciera resistir al poderío y a la destrucción blanca gracias a un convencimiento  transmitido por generaciones de que su Dios los ha puesto ahí. Para proteger su propia creación, para protegerla de cualquier abuso que fuera cometido. Estos lazos afectivos y de fuerte identificación con la palabra del Caudillo (la ley) es lo que probablemente los mantiene unidos.

Así como en la época de la conquista las poblaciones indígenas fueron sometidas a sangre y fuego y diezmadas por enfermedades desconocidas para ellos. Así como estos grupos permanentes fueron perneados por ese nuevo grupo artificial de la religión católica, así también estos aborígenes se encuentran degradados al ver como  una fuerza devastadora perteneciente a un grupo mayor y dominante los deja sin medios de subsistencia y los eliminan desde el lugar mas profundo. Eliminando la naturaleza se elimina la propia naturaleza del vínculo que los mantiene unidos como grupo.

Pareciera de todos modos que los resultados no son totalmente efectivos en tanto estos indígenas se niegan a transculturizarse, persisten en usar su propio lenguaje (lo que les refuerza su pertenencia al grupo) e insisten en denunciar todos aquellos atropellos que se cometen en su contra.

La solución entonces es ignorarlos. En una sociedad dominada por la cultura de los medios, no estar presente en ninguno de ellos es desaparecer. Una desaparición virtual que no necesariamente lleva implícita, como si lo hace en este caso, una desaparición física.

La topadora y las sierras eléctricas no han podido cortar los lazos afectivos comunitarios, el miedo ha sido minimizado en función de la comunidad. Ya lo sabemos, somos mas poderosos en tanto estamos en masa. Nos mantenemos unidos y resistimos. Unidos entre nosotros y con la tierra.

Pero las topadoras y las sierras eléctricas han podido destrozar parte de este vínculo afectivo en la medida que lo asesina. Un duelo permanente e irreversible al observar como ese otro ajeno a mi comunidad  pervierte  aquello que ante mis ojos es sagrado.  Lo viola. Se lo lleva para convertirlo nada mas que en mercancía. Valor de uso y de cambio. Nueva sacralización, nueva significancia a un todo que convivía en armonía y que conllevaba una simbología propia violada para siempre.

Resistiremos, dice el Cacique, hasta que desaparezcamos de la tierra. O junto a la tierra me atrevería a decir. Siendo un todo del que se recibe todo, la desaparición de la selva es la desaparición de la vida. No tiene sentido dentro de esta normativa no resistir. Defender la selva es defenderse como grupo organizado. Solo a través de la resistencia y la esperanza de la comprensión (o la dulcificación en palabra de Freud) del hombre blanco la destrucción puede ser detenida.

Es naturalmente comprensible que si esta comunidad basa su unión en estas creencias religiosas y en esta cotidianeidad decidan de manera grupal resistir hasta el final. 

¿Por qué el modelo salvaje es el vinculado a los pueblos originarios que se reúnen en comunidades de estas características y no el de acumulación de capital, es harina de otro costal?

Conclusión

Mi objetivo fue poder articular, a partir de los textos de Freud trabajados durante todo el año, con una problemática actual frente al exterminio cultural de aquellos que “más saben”. Durante el recorrido de este trabajo he observado que si bien no se desarrollan en estos textos temas étnicos, si se comparten determinadas conductas en las comunidades de todos los tiempos, en este caso en particular como probablemente en otros, el vínculo social se ve fortalecido por la lucha en masa y la resistencia.

Bibliografía:

Largometraje “TekoaArandu”. F. Nogueira, M. Cabrejas y G. Cataldi. 2006.

Freud, Sigmund. Obras completas. “Psicología de las masas y análisis del yo” 1921. Ed Amorrortu. Vol XVIII.

Freud, Sigmund. Obras completas. “El malestar en la cultura” 1930.[1929]. Ed Amorrortu. Vol XXI.

Weber, Max. “Economía y sociedad”. Cap. IV “Comunidades étnicas y  Ed. Fondo de Cultura Económica. Ed 1977.

Descargar artículo

¿Dónde estamos?